Viaje insípido

   «Opino que  no por viajar más lejos te vas a traer mayores y mejores experiencias. Yo creo que podría viajar a otro pueblo del interior o a la isla de enfrente y sentirme más auténtico que viajando a las antípodas». Eso era algo que solía decir antes de este último viaje. Y ahora, tras el mismo, no puedo hacer otra cosa más que corroborar mis palabras.

   Algunas personas, durante los días antes del viaje, me preguntaban si estaba nervioso. Yo les decía que no, que si bien era algo que solía ocurrirme inevitablemente en otras ocasiones, en aquélla no podía negar que no sentía sino una indiferencia inexplicable.

   Nunca había llegado tan lejos. Era el viaje más largo que jamás había hecho. Íbamos a ir, nada más y nada menos, que a Tailandia (y, al final, a algún otro país alrededor). Y sin embargo, tras haber vuelto, no puedo más que decir que me encuentro aquí sentado queriendo escribir algo y sin tener nada que decir. Casi tan indiferente como en la partida, como si aquello hubiera sido un preludio de lo que el propio viaje me iba a hacer sentir.

   Tampoco puedo menospreciar nada. Sería poco sensato decir que ver y vivir toda esa cultura y formas de vida tan diferentes no me han aportado nada. Aun sin molestarme demasiado en informarme sobre la misma (y eso es algo que me autorepruebo), el simple hecho de observar siempre resulta enriquecedor en un sitio tan lejano. La decepción, por tanto, no viene dada por ese motivo.

   Pues más que escribir sobre estas tres semanas no me veo capaz sino de describir; de escupir palabras con cierta ilusión, sí, pero no con la emoción que desearía. Porque en el fondo más que un viajero me sentí siempre como un turista acomodado en simple viaje de placer. Y perdónenme si quizás hablo demasiado y sin mucha sustancia, pero yo creo que busco algo más que eso. Perdónenme también si tampoco les permito que me pregunten qué es exactamente lo que busco, porque admito que no sabría responderles.

   Y que me perdonen igualmente mis compañeros de travesía, pero he de decir que, si bien los buenos amigos pueden hacer el viaje mucho más divertido y suponer un apoyo incondicional en ciertos momentos, definitivamente no hay nada como atreverse a viajar en solitario...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿De donde viene pues tu decepcion viejo lobo solitario? Tal vez esperabas encontrar algo que aun no ha llegado. De valientes es admitir que preferirias haber ido solo, aunque no pretendas con ello menospreciar a tus compañeros de viaje. Sin embargo, anhelo tener algun dia la valentía de la que hablas, para poder sentir esa experiencia. Hasta entonces, seguire pensando que el miedo sigue siendo nuestro peor enemigo.

Anónimo dijo...

Soy Joa

Estoy contigo en dos de tus conclusiones: 1º No es lo mismo ser un turista que un viajero y 2º Viajar solo y no depender absolutamente de nadie puede ser un aliciente en un viaje.

Josito dijo...

Ey, bonitas palabras amigo anónimo. Gracias. Pero, ¿quién eres?

Anónimo dijo...

Alguien que te observa humildemente a través de tus textos, que dicen mucho mas de tí de lo que muestras normalmente. Tienes dotes de escritor, sin duda. Espero que nos sigas regalando pensamientos, inquietudes e historias inventadas, o no, por tu mente.

Saludos

Anónimo dijo...

Por tus palabras, creo que el problema no fué la compañía sino el modo en el que viajaron.

Si hubieras ido sólo,te habrías sentido viajero, sólo por estar solo?

Quizás lo que buscas es integrarte en esa sociedad, y no sólo observarla...

Espero que algún día encuentres lo que quieras que busques, lo malo es que parece complicado. El día que lo encuentres, estoy seguro que lo recorreras, porque tienes algo de lo que mucha gente no tiene, y es el valor y el ánimo de dar el primer paso.

Saludos Jose